Rosa Bru: “Nunca estuve sola porque los pibes siempre me acompañaron”

Se cumplen 26 años de la desaparición de Miguel Bru, el joven estudiante de Periodismo que fue secuestrado, torturado y desaparecido el 17 de agosto de 1993 en la Comisaría Novena de la ciudad de La Plata. Justo José López y Walter Abrigo (fallecido), fueron condenados a prisión perpetua por tortura seguida de muerte, privación ilegal de la libertad y falta de deberes de funcionario público. Pero el cuerpo de Miguel aún continúa desaparecido.

Esta tarde frente al lugar de su desaparición, se realizará la tradicional “Vigilia” donde organizaciones de derechos humanos, políticas, estudiantiles, y sindicales acompañan a Rosa con exposiciones, Radio Abierta y otras actividades el sábado 17 de agosto desde las 19 horas hasta las 2.00 de la madrugada del día sábado, horario en que testigos vieron por última vez a Bru al momento de ser trasladado fuera de la comisaría.

En diálogo con Radio Provincia, Rosa Bru, madre del joven expresó respecto a las vigilias que comenzaron en el año 2000: “desde el 1999, año que terminó el juicio, fuimos solos. Principalmente los chicos de HIJOS empezaron a acompañarnos y en 2000 empezamos convocando gente, y ahora es un símbolo. Tenemos que ser más  allá de la desgracias agradecidos. Nunca estuve sola porque los pibes estaban acompañando, con las cámaras. Siempre pienso que tuvieron un rol protagónico tan importante”.

Rosa, quién además dirige una fundación con el nombre de Miguel que defiende causas de Derechos Humanos particularmente de violencia institucional, continuó diciendo “Dios le dirigió los pasos a la querida hoy Facultad, antes Escuela de Periodismo, y también a los amigos que tiene”, y lamentó el incremento de las consultas a su fundación por parte de víctimas de violencia institucional en los últimos años: “lamentablemente aumentan las consultas, ahora no tenemos abogado. Cuando vienen a consultar, el Doctor Osafran defensor oficial y el abogado de Miguel nos dan una mano”

Seguidamente comentó que hasta el caso de su hijo “creía en la justicia” y tenía expectativas en la rápida solución del caso, pero que luego de comprobarse complicidad judicial en el encubrimiento cambió de idea. “Ojalá uno pudiera seguír haciendo esos pequeños milagros de poder demostrar las responsabilidades del estado en casos de violencia institucional”, finalizó.

S.Moyano

El Tren de las 16

 

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