Marcelo Piñeyro: “Caballos salvajes es mi película de celebración con el cine”

El director y guionista repasó su trayectoria y sus producciones emblemáticas como “La historia oficial”.

El prestigioso director de cine y guionista Marcelo Piñeyro repasó su vida, inicios y trayectoria en la industria y sus éxitos más destacados en Plegarias Atendidas, con Marcelo Figueras.

Con respecto a su juventud en La Plata, dijo que “mis mejores recuerdos son en Bellas Artes en Plaza Rocha, en toda la zona universitaria, el bosque, el comedor universitario y cines que ya no existen. Toda la vida fui al cine y para mí son referencia principal. En mis tiempos el Coliseo Podestá era cine, ahora es teatro”.

Recordó que ya iniciada la dictadura “no te daban ganas de ir a la facultad. Bellas Artes era un lugar de una libertad enorme, donde todas las carreras se mezclaban y de pronto, para entrar, ya en 1975, había policías en la puerta, te palpaban y sólo podías entrar de a uno”.

“Me fui de La Plata porque se puso muy oscura en 1976. Primero a Ayacucho y luego a Brasil. Había muchos amigos desaparecidos, no quería estar. Pero en Brasil me sentí muy mal y me enteré que un profesor estaba armando un equipo para un largo y a un amigo que iba a estar en el proyecto, le pedí que hablara con él para que me tomara. Por eso volví a Buenos Aires pero por años no pisé La Plata”, reveló.

En tanto, consideró que La historia oficial “fue un punto de inflexión” y agregó: “No teníamos idea de cómo producirla, la película era altísimamente subversiva. Pensábamos que posiblemente la filmáramos clandestinamente, durante los fines de semana, aprovechando decorados que hacíamos para comerciales. Finalmente pasó la guerra de Malvinas y eso cambió todo el panorama y ahí empezó a demolerse la dictadura. La película se empieza a filmar en 1984, ya con Alfonsín presidente”.

Luego “comencé a trabajar en mi proyecto Tango Feroz (…) y me hizo dar cuenta de que lo que uno hacía, servía. Mientras Tanguito estaba vivo no había escuchado hablar de él. Luego alguien me pasa los discos y la versión de La balsa me dio una cosa tan profundamente existencial que empecé a prestar atención a su historia. Siempre era el tipo que le había puesto el cuerpo al sistema y que el sistema lo había pasado por arriba”, significó.

“Nuestro fin fue siempre contar su leyenda y nuestra mirada de por qué se mantuvo viva. Por otro lado sentía que era una película que iba a exigir que la música fuera determinante, me exigía protagonistas muy jóvenes”, añadió Piñeyro.

En ese marco, admitió: “Yo salí de la dictadura con la culpa del sobreviviente, porque gente muy querida no había sobrevivido, salí con la sensación de no haber estado a la altura, de que me ganaron los miedos, por eso el personaje de Sbaraglia era donde algún modo yo me paraba”.

“Caballos salvajes es mi película de celebración con el cine”, dijo –y aseguró: “Quería usar todo el artificio cinematográfico y ese era el estado de mi alma cuando la empezamos a cranear y el rodaje fue una de las experiencias más celebratorias que tuve en mi vida”.

En relación a la película Kamchatka, señaló: “Tenía la sensación de que muchos padres no hablaban con sus hijos de la dictadura para protegerlos y mi fantasía (…) era hacer una película para que fueran los padres con los chicos y a la salida quizá arrancar un diálogo”.

“El público que fue quería ver eso. Recuerdo que tuve una cierta frustración pero unos años después la pasaron por tele. A la mañana siguiente estaba en un bar tomando un café y la gente entraba y me decía “gracias viejo, por primera vez pude hablar con mis hijos del tema”.

Por eso, el cineasta indicó que con Kamchatka “sentí el valor de contar las historias del mejor modo que podemos, con la mejor verdad que encontramos y que pega esta vuelta: de pronto a un pibe le hace entender algo que escuchó muchas veces en la familia”.

M. Torres

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