En diálogo con ‘Todo este Ruido’ por Radio Provincia, reveló que “todo comenzó cuando tenía 15 años”, momento en que leyó la ‘Carta a las Juntas’ de Rodolfo Walsh.
“La vida me fue llevando y, en el último año de la facultad nos dijeron que teníamos que entrevistar a un personaje público y supe que era la oportunidad” de conversar con el dictador Jorge Rafael Videla.
“Sabía que no daba entrevistas, pero le toqué timbre en la calle Cabildo donde cumplía prisión domiciliaria. Me atendió, le dije quién era y me dijo que no daba declaraciones. Entonces le dejé una carta, era el año 2005. Como lo desafié me recibió, llamó a mi casa, al teléfono de línea. Atendió mi papá y cuando llegué, alteradísimo me preguntó qué había hecho. Cuando volvió a llamar hablamos, me dijo que había leído la carta y que iba a hacer una excepción y me iba a recibir. Así, el 5 de julio de 2005 tuve la primera entrevista para la facultad”, reveló Cerone.
“Iba a estar frente a un genocida, la situación fue tensa”, reconoció y mencionó que –de hecho-, la primera vez que fue al departamento de Videla, “me equivoqué y toqué el timbre equivocado. Luego del primer encuentro pude trabajar desde otro lugar, sin el miedo”.
“Una de las condiciones era que no podía ni grabarlo ni sacarle fotos, porque si trascendía algo a la prensa, se lo podía perjudicar. Sí podía tomar nota”, señaló la entrevistada. Seguido, afirmó que Videla sabía que ella quería escribir un libro con las entrevistas pero no mientras él estuviera con vida.
“Por el contexto, porque no estaba frente a una cámara o un grabador, pudo ser bruscamente sincero en algunas cuestiones. En el primer encuentro me dijo que los desaparecidos estaban muertos, fueron declaraciones fuertes de escuchar. También me sorprendió cuando me habló de Madres y Abuelas y dijo que había un sector de las Madres que habían usado las muertes de sus hijos para hacer política y que con el otro sector se sentaría hablar para que tuvieran consuelo”, relató.
Según la periodista, el genocida “nunca se arrepintió de nada salvo de haber tenido el cargo de Presidente, tenía claro que su objetivo era liquidar al enemigo, que en una guerra hay gente que tiene que morir y que la orden que tenían era salvar a la Argentina del terrorismo”.
“Me dijo que pensó en renunciar pero también en quién quedaría en su lugar, que era Massera, y que todo podía ser peor porque era una persona con muchas ansias de poder”, significó. En tanto, contó que “cuando le pregunté sobre el robo de bebes trató de excusarse, diciendo que alojaban a chicos que se habían quedado sin hogar en lugares como Casa Cuna a la espera de que los familiares los fueran a buscar, y que no podía saber qué pasaba o saber que había gente que hacía lo que no tenía que hacer” con ellos.
Por último, la periodista destacó que con la última entrevista que le hizo en una cárcel cordobesa, dio por finalizado el trabajo, sobre todo porque advirtió su “deterioro mental y físico”.