En contacto con “Es Un Montón” por Radio Provincia, Pablo Salinas, politólogo consideró que “la salida de Marco Lavagna es una bomba sucia que va dejando consecuencias en el paso del tiempo (…) y siempre el que va a pagar ese costo será el Gobierno”.
En ese marco, explisitó que el primer costo político para la administración libertaria está asociado al peso específico del apellido del funcionario saliente “porque está asociado a la memoria reciente económica de todos los argentinos” dado que “cuando uno dice Lavagna, más que en Marco se piensa en Roberto y su rol importante en los gobiernos de Duhalde y Néstor Kirchner”.
Y luego señaló que a eso se le agrega que “no hay ninguna lectura posible de su salida que sea buena” porque “si se fue porque no se bancó un apriete, eso es algo muy malo” y “si su desvinculación tiene que ver con que no era correcta la forma de medición” que usaba el INDEC eso es aún peor porque “hay un montón de variables que se apalancan en los datos de la inflación como lo son los bonos y los cupones de nuestra deuda”. Por lo tanto, “si hay una sospecha sobre el instrumento de medición; se va a sospechar de todo el organismo. Y eso sí es una muy mala noticia”, recapituló.
Finalmente, Salinas analizó que esta nueva renuncia en el gabinete nacional se inscribe dentro de una larga lista de 224 funcionarios que dejaron el Gobierno y enfatizó que esto nos habla de una “administración que se forma pidiendo prestado funcionarios a otros partidos políticos” situación a la que se suma “un particular tipo de liderazgo por parte del binomio Javier y Karina Milei en donde el disenso y el vuelo propio no están permitido en absoluto”. Por lo tanto, “cuando combinas todo eso lo que te da es esta alta rotación de funcionarios políticos que eligieron -o fueron elegidos- para formar parte de la gestión, con todas las consecuencias que eso tiene”.