En diálogo con La Siesta es Sagrada, dijo que seguir al sacerdote brasileño “fue una experiencia extraña” por “lo raro de combinar la música electrónica con la religión”, y describió al religioso como “una persona muy tranquila”, y comentó que “estaba todo el tiempo sin hablar tanto, muy observador y súper ameno con los chicos de Ciudad Oculta, que fueron los que bailaron ese día y terminaron haciendo un trencito en el ensayo con las sobrinas del Papa que estaban ahí”.
Luego dijo que “en el recital había gente de todos los palos” y que pudo entrevistar desde monjas, padres, jóvenes, un grupo de mujeres trans y hasta chicos que hacían peregrinación a Luján, pero que venían de escuchar a Catáneo”.
Según comentó, el padre Guilherme comenzó a incursionar en los escenarios cuando se vio en la necesidad de recolectar fondos para una parroquia en Portugal. “Empieza con un karaoke, luego a ensayar con controladores, se empieza a meter en la música electrónica que tiene sus adeptos sobre todo en esta época que está perdiendo tanto”, agregó.
“Se le dio el camino para combinar las cosas, estaba muy feliz con la música, más que con ninguna otra cosa”, concluyó.