“La tristeza es fenomenal pero el espectáculo de la gente, con el respeto y el amor que proceden, es una cosa histórica que suma a la naturaleza histórica del hecho per se”, expresó Figueras, quien, además, era amigo personal del líder de ‘Los Redondos’.
Por Radio Provincia destacó la diversidad de personas que siguen llegando a Avellaneda: “Hay de todas las edades, proveniencias sociales, todos llegan y tiran flores, remeras. Hay gente que le deja la remera con la que vino y se va en cuero. Muchos le hablan, le dicen cosas, me parece que es consecuencia de la clase de comunicación que el Indio generó, que les hablaba personalmente”.
Sobre el clima de la despedida, señaló: “Es una cosa rarísima en la mezcla de dolor desgarrador, gente que llora, se quiebra y al mismo tiempo agradece. Todo el fenómeno del Indio es muy complejo y bello”.
El periodista y escritor remarcó la dimensión popular del artista: “En términos de expresiones populares, hay muy pocos que se le puedan comparar. Recién leía a alguien que decía que sólo se puede comparar con lo de Eva, porque lo del Diego quedó trunco, lo de Néstor estuvo bien pero era otro tipo de relación y formalidad, era un presidente. Acá estamos hablando a gente de todas las clases sociales, gente muy rota y maltratada por la vida y se comporta con una elegancia de espíritu que no encontramos tanto en este contexto argentino”.
El biógrafo repasó también su vínculo personal con Solari: “Fue un proceso maravilloso, en dos partes. La primera coincidió con la vida de Los Redondos, a los que entrevisté a comienzos de los 80 y luego seguí hasta el 2000 sistemáticamente. Se generó una relación muy linda, pero siempre muy respetuosa y profesional. Creo que el Indio se sentía representado en la manera en la que yo volcaba sus palabras”.
Tras la separación de la banda, relató: “Dejé de verlo durante 15 años pero había contacto porque cada tanto algún medio me pedía testimonios, siempre hacía una nota y el Indio se tomaba el trabajo de agradecerla. Que un tipo de las dimensiones del Indio se tomase el trabajo de agradecerlo era muy bonito”.
La relación se profundizó con la escritura de la biografía ‘Recuerdos que mienten un poco’: “Laburamos 4 años. Yo lo admiraba y respetaba y él me tenía cariño. Cuando terminamos la obra nos seguimos viendo todas las semanas igual y se convirtió para mí en un recuerdo del alma. Se fue generando una amistad muy grande y no sé cómo voy a sobrellevar ese vacío ahora”.
Figueras recordó también al Indio en su faceta más íntima: “El Indio nunca deja de ser el Indio, pero también el tipo gracioso y ocurrente con quien hablar de cualquier cosa o jugar al sapo. Tenía un viejo grabador de casete y jugábamos con chapitas de cerveza. Fue el único deporte que practicó en los últimos años. Para mis hijos era el ‘tío Carlitos’”.
Finalmente, lo definió como un fenómeno cultural único: “Era un atorrante, un tipo que amaba la calle y la experiencia vital y la estimulación cerebral al mismo tiempo. Logró traducir eso. Formabas parte de una comunidad cuando, en todos los otros ámbitos de la vida, se te expulsaba. Durante el menemismo fue un gran contenedor, por eso se generó el fenómeno de los conciertos de Los Redondos”.