En diálogo con La Siesta es Sagrada, comentó que la iniciativa original buscaba concretar un sueño pendiente del músico: “Él quería hacerle un homenaje al Cacique Pichihuinca (un referente de la región), pero no se llegó a concretar”. Esta idea inicial se transformó rápidamente en un doble reconocimiento que también lo honra a él.
Sobre la obra, que mide casi 11 metros, detalló que se trata de “Una composición de de dos monumentos». Por un lado está la figura humana del cacique con su remera roquera y una cruz en el pecho, y por el otro un monolito ahuecado: “Si uno lo ve a través del monolito se ve la figura de Ricardo y con la lanza de Pichihuinca en la mano”.
Finalmente, el escultor recordó su estrecho vínculo personal con Iorio, a quien acompañó como chofer durante casi quince años. “Nos recorrimos todo el país, ida y vuelta, y aparte hicimos viajes con nuestras familias también”, cerró.